La semana prometió….
En tres días tenía que dejar todo arreglado en Pamplona, comprar cosas, decidir qué podía ser útil en Nicaragua y qué no para que mi maleta no fuera gigante (como suele ser habitual), prepararme mentalmente para lo que tengo que hacer en Managua y lo que es más importante no ponerme muy nerviosa.
El martes supe que finalmente volaba el día 16 a Managua, así que por fin podía organizarme … ya tenía la presión suficiente, je, je, je. Después de llevarle a Ania a Bilbao me puse las pilas y empecé con mis mil y una listas para no olvidar nada y terminé de comprar los últimos detalles entre los que estaba el maravilloso Relec para no ser acribillada por los mosquitos.
El miércoles fue una jornada más dura… Dejar todo preparado en la oficina hizo que saliera de trabajar a las 8 de la tarde, a las 9 me junte con los personajillos pamploneses y algunos visitantes para despedirme de ellos y a las 10 debía comenzar con mi hazaña: HACER LA MALETA, pero está vez la de verdad, la que me iba a llevar.
Como la mayoría de vosotros ya me conocéis… no tengo que ocultar que comencé a hacer la maleta a medianoche y que terminé con todas las cosas que quería hacer a las cuatro y media de la mañana… Sin olvidar que me tenía que levantar en una hora y cuarto para tomar el tren (que no coger el tren… ¡qué duro va a ser eso de tomar las cosas en lugar de cogerlas!). Pero bueno, todo superado… y estaba un cuarto de hora antes en la estación de tren, preparada para tres horitas de tranquilidad que al final fueron más amenas de lo que pensaba.
A eso de las 10 y poquito de la mañana del día 14 tomé un taxi para las Oficinas Centrales donde estuve la mayor parte del día de un lado para otro preparándome para hacer mi papel como Delegada lo mejor posible. Recibir información durante más de 7 horas seguidas consiguió que estuviera cansada, pero no lo suficiente como para quedarme en el hotel al llegar allí a las 7 y pico de la tarde.
Afortunadamente Les ya estaba esperándome en el hotel y poquito después nos juntamos con Raku y Gar, echamos un potecito y vuelta al hotel para descansar un poquito antes de ir a cenar.
El viernes… no madrugar y descansar, comida ligera y visita al aeropuerto para reunirme con el compañero al que relevo… ¡bufff! La cantidad de información tranquilizadora que te pueden llegar a dar en dos horas… no os lo podéis ni imaginar.Tras toda la incertidumbre de la semana pude ver a Tobi y su novia Nikole. A eso de las 7 de la tarde fuimos a Atocha y pude dar un abrazo al loco de Tobi, más vale que hay personas que siguen igual que siempre aunque nos veamos de ciento a viento. Como mi conocimiento sobre la ciudad de Madrid es nulo acabamos echando un potecillo en un bar que no tenía nada qué ver con el que yo pretendía en realidad.
Y por la noche fuimos a cenar al barrio de La Latina ya que eran fiestas… la verdad es que es bastante curioso ver a los viejecitos vestidos de verbena hoy en día… aunque creo que el vestido de las mujeres es un pelin incómodo. Mini vuelta y al hotel que el madrugón y el viaje me esperaban la siguiente jornada….
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